Nicaragua atraviesa un período de crisis, muy semejante al que vive Venezuela, país que vivió también violentas manifestaciones hace un año, pero que han sido precedidas por manifestaciones que han sido reprimidas desde el año 2001, con decenas de muertos, miles de heridos y cientos de presos políticos. ¿Será que Ortega quiere convertir al país en otra Venezuela? La agencia AFP recopiló varios datos que ilustran el panorama.

1. Control político: Ambas protestas, que estallaron en un mes de abril, han demandado la salida del poder de los izquierdistas Nicolás Maduro (Venezuela) y Daniel Ortega (Nicaragua), por renuncia o adelanto de elecciones. Y los gobiernos siguen la misma estrategia. “Sacaron del juego a los líderes y partidos de oposición, pero no en competencia electoral, sino con sentencias del poder judicial y electoral, espurias e ilegales. Lo hizo Ortega en los comicios de 2016 y Maduro lo copió en los de 2018”, dijo el politólogo venezolano Luis Salamanca. Juan Felipe Celia, del centro de análisis Atlantic Council (Washington), señala que ambos mandatarios además “han censurado a los medios y consolidado el poder eliminando los contrapesos”.

2. Represión de las protestas: Nicaragua tiene las llamadas “turbas sandinistas” y grupos civiles fuertemente armados; Venezuela, los conocidos popularmente como “colectivos”. “Han usado paramilitares afectos al gobierno para enfrentar a manifestantes”, anotó el internacionalista venezolano Mariano de Alba. “Supuestamente actúan por su propia cuenta, pero a pesar de su carácter civil forman parte de los aparatos de seguridad del gobierno para agredir e intimidar opositores”, comentó el analista Diego Moya-Ocampos, del IHS Markit (Londres). Pero “al gobierno nicaragüense se le ha pasado la mano, ha sido mucho más letal”, afirmó Salamanca. En Venezuela hubo en cuatro meses de protestas unos 125 muertos; en Nicaragua superan los 280 en tres meses.

3. Retórica del conflicto: Los opositores, en los dos países, señalan a Maduro y a Ortega de haber instaurado una dictadura, marcada por la corrupción y el control de los poderes del Estado, sobre todo el judicial y el electoral. El gobierno nicaragüense acusa a los manifestantes de “terroristas” y “golpistas de derecha” financiados por Estados Unidos, como ocurrió en Venezuela, señaló De Alba. “El guion perfecto, hoy se lo están aplicando a Nicaragua”, sostiene Maduro, quien denuncia una campaña para mostrar a ambos países “en caos” y al borde de “la guerra civil”.

4. Negociación: El sociólogo nicaragüense Oscar Vargas estima que, como hizo Maduro, Ortega busca oxígeno en la negociación, mientras apuesta al “desgaste y la división del movimiento opositor”, en una “venezolanización del conflicto”. Ambos, coincide De Alba, han usado el “diálogo para ganar tiempo y bajar la presión interna”. “La solución depende en gran medida del quiebre de la coalición oficial y del apoyo militar”, agregó. En esas conversaciones ha participado la Iglesia católica.

5. Presión internacional. Ambos gobiernos también han vivido un creciente aislamiento internacional, con Estados Unidos aplicando sanciones. La situación en Nicaragua, sin embargo, no ha tenido tanta atención como la de Venezuela”, apuntó De Alba, si bien la Organización de Estados Americanos (OEA) les ha dedicado varias sesiones.

Related Post

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *