A diario los ‘centinelas del páramo’ recorren zonas repletas de lagunas, frailejones, colibríes, osos de anteojos, venados, águilas y cóndores. Así se le conocen a estos militares que custodian el Páramo de Sumapaz, un ecosistema estratégico y una fábrica de agua.

 

 

“Lo que hacemos nosotros es precisamente garantizar el medio ambiente, que nuestros soldados sean conscientes de la protección, de la misión que tenemos en ese aspecto”, cuenta el Teniente Coronel José Julián Tejada, Comandante del Batallón de Instrucción No. 13, sobre la labor que los motiva a continuar el proceso de garantizar la seguridad y conservación de este espacio sagrado.

 

 

Cuidar la naturaleza para los soldados Pedro y Freinel, es lo más importante. Por eso, se desvelan día y noche para garantizar la conservación de miles de plantas nativas, cientos de ellas endémicas y unas 260 especies de mamíferos.

 

 

“El día a día aquí es estar pendiente de las plántulas, estar regando, estar en el proceso de germinación, verificando las cajas y tomando datos”, dijo el soldado Freinel Guiza.

 

 

En el país existen 36 páramos, cerca de 3 millones de hectáreas, a las afueras de Bogotá, en Usme, nace el Sumapaz, un lugar lleno de vida, el más grande del mundo, su extensión supera las 221 mil hectáreas y la iniciativa de los centinelas es reforestarlo, con la planta más asociada a estos ecosistemas, el frailejón, la base con la que se alimentan ríos y quebradas.

 

 

“En el marco de las actividades con la comunidad y la reconstrucción de la relación del Ejército con las comunidades de nuestro territorio, el Biter se ha dedicado a la recuperación ambiental, reforestación, erradicación del retamo espinoso y a este proceso tan importante de la siembra y cuidado de frailejones”, destacó Mabel Sua, Alcaldesa Local de Usme.

 

 

Su misión, sembrar 400 frailejones en este lugar, la localidad rural más grande de Bogotá.

 

 

“Nuestra unidad local de asistencia técnica y agropecuaria acompaña en la producción de individuos arbóreos al ejército, también los acompañamos con asistencia técnica en los procesos de arbolado”, añadió Mabel Sua, Alcaldesa Local de Usme.

 

 

Por eso, Pedro y Freinel abandonaron sus armas para combatir el enemigo más fuerte del planeta, la destrucción ambiental de estas fábricas de agua que también tienen la capacidad de permitir el desarrollo de actividades agropecuarias de comunidades campesinas que habitan alrededor de los páramos.

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